Hay artistas que no solo bailan, sino que piensan el cuerpo, lo interrogan y lo transforman en un territorio de conciencia. Lorena Nogal es una de ellas. Bailarina, creadora y una de las figuras clave de la danza contemporánea europea, su trabajo se sitúa en un lugar donde la presencia, la escucha y la honestidad se convierten en motores de creación.
En este Un día en la vida de…, Lorena nos abre las puertas de su rutina y de su universo interior. Habla del cuerpo como espacio mutable, del entrenamiento como un estado del ser y de la creación como un acto profundamente conectado con lo invisible. Una entrevista reveladora, que nos permite entender qué sucede antes —y más allá— del escenario.
El día de Lorena Nogal comienza con algo tan sencillo como esencial: un buen desayuno. No importa el lugar ni el contexto, ese primer gesto marca el tono de la jornada. Después llega la ducha, un momento de transición que separa el descanso de la acción, y poco a poco el día se pone en marcha.
Antes de entrar en el estudio o pensar en el movimiento, Lorena atiende a la gestión invisible que sostiene su trabajo: la producción, la organización, los proyectos que están vivos en ese momento. Su rutina no es rígida ni previsible. Cada día es distinto, y ella se adapta a lo que el cuerpo y la mente necesitan en cada ocasión.
El cuidado aparece de forma constante, aunque no sistemática. Estirar, meditar, hacer ejercicio cuando es necesario. Escucharse. Ajustarse. Encontrar equilibrio sin imponerlo. Lorena no sigue una estructura fija porque entiende que cada jornada exige algo diferente. Esa flexibilidad —lejos de ser dispersión— es una forma profunda de conexión consigo misma.
Desde ahí, desde ese estado de atención y presencia, empieza todo lo demás.
Depende del momento en el que me encuentre y del lugar que ocupe dentro del proyecto, pero normalmente empiezo por el cuerpo. Me gusta tomarme unos minutos para aterrizar a través de él antes de poner el foco en cualquier otro aspecto del proceso.
Sin duda, el colectivo de personas que conforman La Veronal ha marcado profundamente mi manera de moverme y de entender la creación. En este momento, estoy poniendo el foco en mi propia búsqueda, lo que me lleva tanto a lugares comunes que reconozco como a espacios nuevos que siento la necesidad de atravesar.
Cuando aparece un bloqueo, intento generar espacio o cambiar de lugar, tanto física como mentalmente. Normalmente, refrescarme a través de otra actividad me permite observar el bloqueo desde otra perspectiva y, en ocasiones, incluso transformarlo en un nuevo punto de partida.
He descubierto que todo reside en el equilibrio y en estar conectada con cada una de las etapas que el cuerpo demanda. Es ahí donde he podido reconocer su potencial, su capacidad de imaginar y, desde ahí, generar. Lo siento infinito. Pero también he aprendido que es fundamental vincularse a él de manera honesta, atendiendo al momento vital en el que una se encuentra. Creo que esa es la única forma de construir una verdadera, preciosa y sana historia de amor con el propio cuerpo: no exigiéndole que sea algo que no es, sino valorando cada etapa y el potencial que tiene para ofrecer.
También he descubierto que un simple cambio de mirada puede transformar la percepción y, con ello, el propio cuerpo. Parece magia, pero es pura conciencia. Es asombroso darse cuenta de la herramienta que tenemos y de lo mutable e interesante que puede llegar a ser.
Hoy en día prefiero cambiar la palabra entrenar por estar. Muchas veces entrenamos desde patrones o espacios que reconocemos, y eso es necesario al inicio para generar guías, métodos y estructuras. Pero cuando esos patrones ya están integrados de forma orgánica o mecánica, siento que es importante parar y abrir espacio para que puedan suceder otras cosas. Permitir que el cuerpo se llene de experiencias o incluso que pueda hablar desde lugares a los que antes no habíamos sabido acceder.
La presencia, la escucha, la búsqueda de lo sutil, el desapego, el juego, el error o el espacio para dejar aparecer aquello que no quiero que aparezca forman hoy parte de mi entrenamiento y de cómo concibo la escena en este momento.
Sí. Creo que todo espacio es creativo si conectas con esa mirada. Me gusta pasear a la deriva por Barcelona, observar a los demás, crear con las manos —papiroflexia, pintar, decorar, hacer cerámica—, cuestionar lo que se da por hecho (filosofar), conversar, meditar…
El trabajo de entenderme a mí misma. Darme el tiempo —no siempre desde la claridad— para saber hacia dónde voy, reconocer mis intereses y buscar mi propia verdad. Construir un imaginario que tenga sentido para mí, desde la honestidad y el valor real del gesto, de la palabra o de la presencia.
Si eso está, entonces puedo ir al estudio con mucho trabajo hecho. Después vendrá el orden, el color, la forma, el cuerpo o el contexto, pero habrá un motor: algo mucho más grande que una idea o una pieza.
Todas las transiciones de la vida, especialmente los espacios liminales: esos momentos de espera, de desplazamiento o incluso de aparente aburrimiento. Son instantes que adoro porque suelen traer un gran despeje mental; ahí la creatividad emerge y se desborda de una forma libre, inesperada y casi mágica.
Los próximos meses vienen cargados de movimiento para Lorena Nogal. Su foco principal está ahora en LA PROTAGONISTA, un solo de gran formato y el proyecto más ambicioso que ha desarrollado hasta la fecha a nivel personal. La pieza se estrenará el 26 de junio en el Centro de Danza Matadero Madrid y podrá verse semanas después en el Grec de Barcelona, dos citas clave para descubrir esta nueva etapa de su trabajo como creadora.
Además, Lorena continúa de gira como intérprete con su solo PICASSa y con Sonoma, Firmamento y La mort i la primavera, junto a La Veronal, manteniendo una presencia constante en distintos escenarios y contextos internacionales.
A todo ello se suma su participación como asistente de Marcos Morau en la Ópera de París, una experiencia que amplía su recorrido artístico y que se incorpora a una agenda marcada por la diversidad de formatos y proyectos.
Seguir un día en la vida de Lorena Nogal no es solo asomarse a su rutina o a sus proyectos, sino acompañarla en la manera en que habita el tiempo y el espacio. Escuchar el cuerpo, atender la presencia y abrirse a lo inesperado son la base de su trabajo y de su forma de estar en el mundo.
Desde el estreno de LA PROTAGONISTA en Matadero Madrid, hasta sus giras con La Veronal o su colaboración en la Ópera de París, cada paso refleja una danza que ocurre tanto fuera como dentro del escenario. Para el público, esto significa que verla en escena no es solo disfrutar de un espectáculo, sino acercarse a una artista que convierte cada instante en creación viva.
Verla moverse, crear y existir sobre el escenario es, en definitiva, la mejor manera de comprender su universo y de compartir con ella la intensidad de su trabajo.
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